miércoles, 16 de junio de 2010


Queriéndote a escondidas, bajo la noche, bajo la luna y las estrellas, bajo las sábanas, bajo mi pelo, bajo los ojos, bajo tus besos. Intentando que no me descubras mirándote a media mañana, sonriéndole a nada en concreto, sabiendo que soy la persona más feliz del mundo por tenerte cerca, abrazándote con la mirada, acurrucándome en tu pecho con cuidado de no despertarte. Sintiéndome afortunada.
- ¿Qué haces? -Se había despertado, y también se había percatado de que lo contemplaba.
- ¿Yo? Nada. -Noté cómo mis mejillas se encendieron sin quererlo.
- No mientas, sé qué hacías.
- ¿Entonces por qué me preguntas?
- Quería ver tus colores. -Sonrió. Le lancé una mirada de esas de odio, pero suaves, lo quería demasiado como para dedicarle una de las de verdad. Me mantuvo la mirada y alargó un poco más la sonrisa, dándole un toque tierno. Acabó por hacerme sonreir a mí también, mientras, nos observábamos como tontos, pero nos gustaba. Estuvimos un rato así, jugando a quién aguantaba más sin cerrar los ojos o sin desviar la mirada.
- ¡He ganado! ¡Has cerrado los ojos! -Canturreé saboreando ya la victoria.
- Había una mota de polvo, eso no es justo.
- No seas tramposo,admite la derrota, y también que yo soy mejor que tú.
- No soy tramposo. -Y se precipitó a mis labios, haciéndome callar.
- ¿A esto no lo llamas hacer trampas? ¿No intentarás sobornarme, verdad? -Alcé una ceja acompañando la última pregunta.
- ¿Sobornarte? ¿Para qué? No hace falta, tú te rindes sola. -Otra mirada asesina, también de las suaves, otro beso, después otro, caricias, ternuras, más besos. Odiaba que tuviera razón.

1 comentario: