viernes, 16 de abril de 2010


Mi corazón se encoje, mi mente sufre, mis ojos se derraman, tu ausencia duele.

El último portazo que diste fue lo de menos, mi alma rota, desquebrajada en pedacitos ha sido la peor parada.

Estoy sentada en el alféizar de la ventana con los cristales abiertos de par en par, llueve, estoy mojada, no me importa. Tengo la mirada perdida en ninguna parte, me parece ver una pareja que atraviesa la calle de las manos agarradas, no estoy segura, la vista se me nubla, siento los ojos hinchados y el peso de la mentira en ellos. Recuerdo todos los momentos vividos y todos los te quieros fingidos. Noche tras noche engañada por palabras, por no haber estado atenta a las miradas, envuelta en orgullo y arropada en mentiras, así era como estaba.

Giro la cabeza, mientras, voy cerrando y abriendo los ojos para despejar la vista, encojo las piernas y me quedo pensativa. Analizo el edificio que tengo en frente sin saber por qué, tal vez mi subconsciente quiera distraerme; es viejo, marrón y tiene goteras, las tejas están rotas y muchas ventanas sucias, los maceteros en las ventanas están vacíos, sin plantas, y llenos de agua, la pared parece que llora, está mojada y algunas partes agrietadas sin pintura. Le hace falta una reforma, tal vez si después me encuentro de mejor humor se lo comente al propietario.
Vuelvo de mi ensoñación y me levanto decidida a animarme un poco, o por lo menos a intentarlo. Me acerco al radiocasete y conecto la radio, busco una cadena con música y pongo la primera con la que me topo. Dejo de lado al aparato y empiezo a ordenar el cuarto, de vez en cuando suena alguna canción marchosa y hago el esfuerzo de moverme un poco para intentar olvidar, pero me siento tan cansada y tan deprimida que no me apetece menearme. Opto por dejar la habitación e irme fuera a dar una vuelta. Cojo las llaves y me voy directamente. Cuando llevo ya medio camino andado me acuerdo de que me he dejado la radio enchufada, vuelvo a casa y la apago, salgo y voy bajando las escaleras cuando oigo a alguien sollozar, viene de la cocina. Me acerco allí cautelosa, es mi madre, tiene un papel en la mano y la cabeza apoyada en la otra.
- Mamá, ¿estás bien? ¿Qué te pasa? ¿Por qué lloras? -Le pregunto asustada.
- Oh, estás aquí, pensaba que te habías ido. -Recoge rápida el papel que sujeta, intentando ocultarlo mientras se limpia las lágrimas de los ojos.
- Sí, pero me he olvidado de apagar la radio y he vuelto. ¿Estás bien?-Vuelvo a repetirle inquieta. - ¿Qué es eso que tienes ahí?
- Nada.. la lista de la compra.. -Me responde con voz ronca y la nariz llena de agua.
- Mamá, ya no soy una niña, dime qué pasa. -Me mira con cara de duda y ojos llorosos. Baja la mirada, parece rendirse.
- Está bien.. estamos sin un euro en la cuenta, no podemos pagar las deudas que tenemos y acaban de embargarnos la casa.
- ¿Pero.. cómo..? -Pregunto atónita.
- Hemos ido acumulando deudas y ahora no podemos pagarlas, de algún sitio tienen que sacar el dinero y lo único que nos queda es la casa. -Contesta afligida.
- ¿Y dónde viviremos ahora?
- No lo sé.. -Y rompe a llorar de nuevo.
- Venga mamá no te preocupes encontraremos un modo de que no nos quiten la casa.
- No, eso es imposible, no tenemos dinero.
- Yo lo conseguiré, no te preocupes, venga ve a acostarte y descansa un rato.
- No.. Natalia..
- Ve a acostarte, necesitas descansar, luego lo hablamos. -La tomo de las manos obligándola a levantarse, la conduzco hasta su dormitorio y la ayudo a acostarse, le doy un beso en la frente para que sepa que tiene todo mi apoyo y salgo de la habitación sin hacer ruido. Más problemas, como si ya no tuviera bastantes, me digo, aunque el mío no era nada comparado con el suyo. Empiezo a sentirme mal por los egoístas que llegamos a ser muchas veces, al igual que inocentes, no nos damos cuenta de los problemas que hay a nuestro al rededor, más que de los nuestros. ¿Qué más da que a mí me hubiera dejado mi novio si ahora íbamos a ser unos muertos de hambre sin casa? Sin embargo, lo echaba de menos y su ausencia hacía mella.
Respiro, cojo aire y me acerco a la entrada de la casa. Cierro los ojos para lamentarme por última vez y salgo a la calle decidida a encontrar una solución para ayudar a mamá.

2 comentarios:

  1. Me gustan tus historias, porque son realistas, bonitas, tristes, pero siempre con mensaje positivo, de propósito de enmienda y eso es bueno.

    Un besito!! :)

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  2. :O
    dime que encontró una solución al final

    :) muy bonitas tus historias!

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