
Los hay tontos, pero también idiotas. Eso fue lo que pensé cuando el graciosete de la clase me lanzó a la cabeza una bola de aluminio. La cojo para devolvérsela, pero nunca he sido amiga de la puntería por lo que fallo y le doy a otro chico. Me disculpo mientras todos ríen a mi alrededor.
- ¡Que puntería! -Grita y ríe a la vez el gilipollas, porque otro nombre no se le podía dar.
Me acerco decidida hasta él, me planto delante y le digo:
- Seré mala con la puntería, pero a mí en guantazos no me gana nadie. -Y se lo doy.
Me marcho tranquila y serena, la clase vuelve a reír, pero esta vez ya no de mí. Se lo tiene bien merecido, no por mí, sino por haberle puesto los cuernos a mi hermana.
Impactante, perfecto...¿real?
ResponderEliminarReal? Puede que en la vida de otro sí, en la mía no. :)
ResponderEliminarah! pues entonces magnífica redacción, porque me lo he creido de lleno :) jaja
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