miércoles, 13 de octubre de 2010

Errores que no conducen a ninguna parte.



¿No dicen que a veces morimos por instantes? Pues yo en aquel momento lo hice. Sentí cómo una maraña de enredos crecía como espinas en mi interior, la notaba aumentar de volumen, quería estallar pero no podía salir. Tenía demasiada presión en el pecho, no podía respirar, jadeaba con dificultad, necesitaba aire, notaba también cómo mi cuerpo empezaba a tomar temperatura, la cara me ardía, además, me estaba poniendo nerviosa y eso no ayudaba, me sentía como al despertar de una siesta en pleno verano, aturdida, nerviosa y mareada. Empezó a hacerme aire, pero eso no hizo más que empeorar la situación, mi estómago empezó a revolverse, tenía angustia, no hacía más que tener arcadas, y unas ganas enormes de vomitar, quise olvidarlo todo, esos veinte minutos de conversación y toda la tarde anterior plantada ante el espejo ensayando un torpe discurso que al final no había dado más que problemas.
- ¿Estás bien? -Me preguntó preocupado.
- Sí sí, perfectamente. -Quise disimular, estaba deseando volver a casa.
- ¿Estás segura? Te veo un poco pálida. -Claro, acababa de confesarle mis sentimientos, me había respondido con un "no te correspondo" e iba a estar rosa de la alegría. Tíos, maldije.
- Sólo es un pequeño mareo, se me pasa enseguida, no te preocupes. -Traté de quitarle hierro al asunto.
- ¿Quieres que te acerque a tu casa? -Bien, ahora se compadecía de mí e iba a acompañarme a casa para que no me sintiera tan mal.
- No, gracias, voy andado, está aquí al lado.
- Ah, bien.. -Asintió.
No supe qué más decirle, me enganché al bolso y me levanté un poco tambaleante.
- ¿Pero te vas ya? -No, encima quería que me quedase más tiempo.
- Sí, tengo una cena familiar y tengo que ir a ayudar en la cocina. -No se me ocurrió ninguna otra excusa mejor, pero necesitaba urgentemente desaparecer de allí y olvidarlo todo cuanto antes.
- Ah, vale. Nos vemos el lunes en clase,¿no?
- Sí.., supongo.. -Deseé acabar el fin de semana enferma, para no poder asistir a clase, por lo menos hasta el miércoles y así tener tiempo para despejarme. -Adiós.. -Hice ademán de irme pero me agarró del brazo mientras me giraba para marcharme. Sentí cómo mi corazón empezaba a acelerarse y cómo una cara de asombro se plantaba en mi rostro.
- ¿Segura que estás bien? -Por un momento pensé que me iba a decir que todo había sido una broma, o que se había arrepentido de lo que había dicho, pero no, ahí estaba otra vez esa detestable piedad.
- Sí sí, no te preocupes. -Traté de mirarle con una mirada tranquila y serena, para no preocuparlo, y debí de hacerlo, porque me soltó el brazo y me dejó ir.

Quién sabe, tal vez dejarme marchar fue el peor error de su vida.

1 comentario:

  1. Quizá tenga la chica "aires de prepotencia", como los "tengo YO"
    Echaba de menos palabras en este boulevard!
    ¡¡Un abrazo!! :)

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