Se me hace difícil entenderle, es complicado todo lo que hace y todo lo que dice, cada palabra, cada beso, cada mirada. No es capaz de hacerlo sin más, no, él le busca un por qué a todo. Si me mira, es para responderme a algo que le he preguntado, no porque sienta la necesidad o el deseo de hacerlo; si me besa, es porque se lo pido, no porque su corazón le impulse a besarme; si me habla, para responderme, o incluso preguntarme, aunque no suele hacerlo. Prefiere sentarse en su cómodo sillón junto a la lumbre, leyendo el periódico y analizando cada noticia, evadido del mundo, de su mujer y de sus dos hijos.
- Mamá, ¿Me puedes acercar a la ciudad? Es que he quedado con unos amigos.
- Dile a tu padre si te puede llevar, que yo estoy haciendo la cena para después.
- No va a querer llevarme, ya sabes como es.. tiene mucho trabajo..
Dejo de partir zanahorias y levanto la mirada desde el pollo de la cocina hasta el comedor, justo en frente de mi. Sigue sentando en el sillón, parece que no se ha movido desde hace diez minutos que lo he mirado.
- Si, está bien, te llevaré yo, tu padre está trabajando.
- Vale, gracias mamá. Voy a por mis cosas, enseguida bajo.
Sigo aún mirándolo, me preocupa que esto llegue a más. Es un adicto al trabajo, desde que tuve que dejar el mío por problemas de pulmones es él quien lleva la economía de la casa. No descansa apenas para nada, cuando está la comida o la cena viene a tomársela y después se marcha con las mismas de vuelta a su sillón, y por las noches, verlo acostado a las tres ya es un lujo, porque hasta las cuatro no aparece, y luego cada mañana a las seis arriba. Y apenas tiene tiempo para sus hijos y para mí. Voy a hablar con él, esto no puede seguir así, cuando vuelva de dejar a Carlos hablo con él, tiene que descansar, trabajar menos, y si hace falta me pondré yo también a trabajar, aunque el médico no me lo permita.
- Mamá, ya estoy aquí. Vámonos.
- Antes dale un beso a tu padre.
Lo veo acercarse temeroso a su padre, sabe que no le gusta que le molesten, y menos que lo interrumpan. Le da un beso rápido y se marcha corriendo. Veo a Pablo sorprenderse, y poner cara de mal humor, le sonrío para que sepa que el gesto es mío, se da cuenta y vuelve al trabajo.
- Ala, ya está, venga vámonos.
- Venga si.
Cojo el bolso y las llaves y nos vamos a la cochera. Saco el coche y arranco.
- ¿Dónde quieres que te deje?
- Donde el centro comercial.
- Vale, ¿pero tus amigos estarán ya allí no?
- Supongo, ¿por qué?
- Por nada, es que después tengo unas cosas que hacer. ¿Y a qué hora te recojo?
- Sobre las once.
Lo dejo donde me ha dicho, después pongo rumbo al periódico. Llego, es un edificio bastante grande, lleno de ventanas enormes y escritorios que se dejan ver a través de ellas. Entro, me dirijo a dirección y le pregunto por el jefe de Pablo, me dice dónde se encuentra y voy hacia allí. Lo veo, lo detengo de camino a la máquina de café, le pregunto si me puede atender unos minutos y me responde que sí un poco resignado por no poder tomarse su taza de café diaria.
- Voy a serle breve, no quiero robarle mucho tiempo. Quiero que le quite horas de trabajo a mi marido. Se pasa el día trabajando, ya no tiene ni tiempo ni para pasear al perro.
- ¿Pero eso no tendría que hablarlo yo con su marido?
- Sí, pero él no lo va a hacer, por eso vengo yo. Se lo ruego, redúzcale las horas.
- Pues que sepa usted que cobrará menos, además es que no puedo, necesitaría a otra persona, porque estamos justos de personal, si a uno le reduzco el horario me hace falta alguien.
- Ya, por eso vengo a ofrecerme como redactora. Para ver si podíamos ganar lo mismo los dos trabajando por uno.
- ¿Y usted escribe bien?
- Si, yo creo que sí. Leo bastante y faltas de ortografía no tengo, y redactar no se me da mal.
- Mmm, tráigame mañana o envíeme por correo una opinión suya sobre algún tema actual, si me convence, está contratada.
- Vale, muy bien, muchas gracias, no le decepcionaré.
Salgo del periódico y vuelvo al coche. Pongo rumbo a casa. Llego, aparco y cierro el coche. Saco las llaves del bolso y abro la puerta, entro al comedor y me lo encuentro tal cual lo he dejado, sentado allí, como de costumbre.
- Cariño, tengo que hablar contigo.
- No, ahora no, estoy ocupado.
- Es una buena noticia, y va hacerte trabajar menos.
- ¿Una buena noticia que vaya hacerme trabajar menos? ¡¿Nos ha tocado la lotería?!- Exclama contento.
- No se trata de eso.
- ¿Entonces de qué? Dímelo ya que me tienes en ascuas.
- Voy a trabajar contigo en el periódico y a ti te van a reducir el horario, vas a trabajar menos y vamos a ganar lo mismo.
- Agradezco el detalle cariño, pero sabes que tú no puedes trabajar..
- Ya, pero no quiero que tú enfermes, y al paso que vas lo harás pronto, además ya no pasas tiempo con los niños. A Carlos le da miedo darte un beso por lo que le puedas decir y Lucía quiere que le ayudes con los dibujos, pero no sabe cómo decírtelo.
- Pero…
- No hay nada de peros, ya está todo arreglado. Empiezo pasado mañana, antes tengo que enviarle unas cosas a tu jefe, que por cierto me tienes que dar su dirección de correo.
Me acerco al portátil que está en la mesa, junto a él y me dispongo a buscar el correo de nuestro jefe en su messenger, cuando me detiene.
- Jésica, gracias por todo.
Y me besa apasionadamente, con amor, como no lo había hecho desde hace unos veinte años.
:)
ResponderEliminarvuelvo a repetir que escribes muy bien xD
ResponderEliminarEl tio me parece un poco aprobechado... Solo quiere a su mujer porque le rebaja horas de trabajo? :S
Que no, que tú aún mejor hum!
ResponderEliminarAprobechado no, es que vive el pobre para mantener a su familia, pero no tiene tiempo para nada, y reducirle las horas es como volver a darle vida.
:)
ese es el verdadero amor :D
ResponderEliminarqe bonito ^^
O_O
ResponderEliminar