sábado, 9 de enero de 2010



- Me acerqué a la ventana, contemplé las gotas de agua resbalar inertes por el cristal. Fuera hacía un frío de mil demonios, el viento se movía feroz despertando de su letargo a los árboles, no había ningún alma en la calle, porque nunca mejor dicho aquel que paseaba con la mirada gacha y las manos en los bolsillos no se lo podría considerar portador de un alma. ¿Cómo había sido capaz de dejar a aquella persona que tanto se parecía a mí? ¿Cómo había podido romperle el corazón en pedazos sin ninguna explicación más que un " es demasiado complicado para que lo entiendas" ? ¿Cómo había sido capaz de darle tantas esperanzas para luego arrebatárselas como un caramelo a un niño? ¿Cómo había podido darle tantos años de cariño para luego dejarla? ¿Cómo había podido dejar a mi gemela?
- Almudena, ¿me dejas los apuntes de filosofía? -¿eh? Desperté de mi estado de ensimismamiento y me aparté rápidamente de la ventana para que mi hermana no pudiera alcanzar a verlo.
- Si, claro, toma. -Saqué la carpeta de fundas, busqué lo que me pedía y se lo dí. -¿Pero es que tú no los tienes?
- Es que después tenía examen de ciencias y como no tuve tiempo para estudiar en casa aproveché la hora de filosofía para hacerlo.
- Pues no deberías hacer eso, ya sabes que luego en los exámenes pregunta lo que se ha explicado en clase.
- Ya, ya lo sé. No lo voy a volver a hacer, pero es que no iba a dejar en blanco el examen de la hora siguiente, además tu podías dejarme los apuntes después.
- Sí, pero puede que en tu clase y en la mía no dijera lo mismo, te recuerdo que vamos a clases distintas.
- Ya, lo sé, pero siempre dice lo mismo. -Hice una mueca torciendo la boca no muy convencida.
- Bueno, muchas gracias, voy a ponerme a estudiar.
- De nada, pero Cristina, espera. -Se giró a mitad de camino a la puerta. -¿Qué tal el examen de ciencias? -Le sonreí.
- Bien.. creo que he aprobado pero si ayer hubiera estudiado algo más seguro que tendría más nota.
- ¿Y por qué no lo hiciste? Estudiar, digo.
- Por Arturo.. -no hizo falta que dijera nada más, con su expresión y lo que yo sabía bastaba.
- Va chica, ánimo. -Le dije acercándome a ella y abrazándola. -Pero venga, ve a estudiar, que si no mañana me vas a poner la misma excusa de que hoy no has estudiado nada. -Le lancé una sonrisa y la dejé marchar. La pobre lo estaba pasando muy mal, y lo que más me fastidiaba es que yo no podía hacer nada para ayudarla, nada salvo averiguar por qué la dejó, aunque Cristina no me dejara, y eso es lo que iba a hacer, averiguarlo.

Me acerqué de nuevo a la ventana para ver si aún seguía ahí, no, ya se había ido. Había empezado a apretar. Volví a mi silla y me senté en el escritorio. Seguí con los deberes.

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