
Dirigió la mirada hacia delante con valentía y allí se la encontró. En la acera de enfrente, con una maleta en la mano y el bolso cruzado hasta la cintura, mirándolo con perplejidad. Había cambiado mucho desde la última vez que la había visto. Siete años ya. Suficientes para recordar su rostro, insuficientes para olvidarla. No obstante él si la había reconocido al instante. No olvidaría nunca esos efusivos ojos azules que refulgían a cada mirada de complicidad.
- ¿Mario..? ¿Eres tú? -La vio dudar.
Asentí. -Laura.. cómo has cambiado. -<Ya no tienes aspecto de niña> Pensé.
- Si.. un poco.. el maquillaje hace milagros -Bromeó.
- Antes no usabas, pero también te veías guapa.
- Gracias. -Sonrió con esa sonrisa tan dulce que solo ella tenía. - ¿Bueno, qué es de ti?
- Pues.. sigo con la música. Tengo un grupo, y nada, estamos a ver si sacamos un disco. ¿Y tú qué?
- Oh, qué bien. Estarás contento, ya tienes todo lo que querías, ¿no? -<Solo me faltas tú> Añadí para mi. -Pues yo he conseguido el trabajo que tanto deseaba. Trabajo en una revista. Soy redactora jefe.
- ¿Y ya has publicado algo?
- Si, claro. Tengo una sección solo para mi. Donde cada sábado publico un artículo.
- ¿Y qué revista es?
- Ah claro, lo olvidé. OK, se llama.
- Siempre tan despistada.
- Jaja -Rió. -Hay cosas que nunca cambian. Bueno, tengo que dejarte, hace un rato me ha llamado mi marido y me está esperando en casa con los niños. Cómo llegue más tarde se va a preocupar. -Dijo después de sacar y mirar el móvil del bolsillo.
- ¿Estás casada? ¿Y tienes niños? -Sentí como se me rompía otra vez el corazón en pedazos. Cómo se me escapaba mi razón de vivir de nuevo. Una sensación que solo sentí años atrás. Cuando rompió conmigo. Se iba a ir a estudiar a los Ángeles y no nos íbamos a volver a ver hasta dentro de unos cuatro años. Ahora he vuelto a sentir esa sensación, y por una razón totalmente distinta. Si antes no podíamos estar juntos por distancia, ahora menos porque estaba casada. Casada con otro, que no era yo.
- Si, se llama Andrés. Es ejecutivo. Y niños.. tenemos dos. Carla de unos tres añitos y Marcos de cinco. Te los tengo que presentar un día. Seguro que te caerán muy bien, son muy juguetones.
- Claro, cuando quieras me los presentas. -Sonreí con una sonrisa más fingida que un corazón entero.
- Bueno, te doy mi móvil y me llamas cuando tengas un hueco y quedamos, ¿ok? -Sacó del bolso una libretita y un boli, anotó el número, arrancó la hoja y me lo entregó. -Aquí tienes. Espero que nos volvamos a ver pronto, tienes muchas cosas que contarme.
Me limité a sonreir. No era capaz de pronunciar palabra.
- Encantada de volver a verte. Adiós.
Me dio dos besos y se fue. Con su perfume a jazmín y su sonrisa preparada para su marido, guardada cálidamente bajo la bufanda que llevaba al cuello.
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